


Es necesario trascender los espacios habituales. Se habla hasta el hartazgo de las nuevas miradas, la capacidad de asombrarse; sin embargo, seguimos sin ver a nuestro alrededor, buscando en el reverso de lo mismo. Hay que girar el pescuezo y notar que existen lugares que piden a gritos una mayor difusión de sus prácticas culturales. La tarea de este blog es introducirlos en estas nuevas miradas, en estas nuevas formas de estar en el mundo, de ser en el mundo.

Y el comercial de cerveza Cristal (se aceptan canjes) tiene la cualidad de representar parte de los múltiples rostros de Perú en su lado más amable y constructivo. Un Calidoscopio de imágenes con gentes que viven la alegría del verano compartiendo su música, bailes y juegos. Pero no como viñetas de una postal turística, sino todos juntos, mezclados, en la combi, la playa, el partido de fulbito. Ésa es precisamente la característica más importante de nuestro país, que siempre hemos visto de soslayo o como un conjunto de frases hechas: crisol de razas, país de todas las sangres. Pero muy pocas veces expresada en imágenes o símbolos de nuestra cotidianeidad. Esa realidad chicha producto de la migración del ande a las ciudades costeras, de mezclas sui géneris: huayno con cumbia, ceviche con papa a la huancayna, chifa con hostal incluido. No han tenido sino hasta hace muy poco tiempo una representación positiva en los medios de comunicación. Tradicionalmente la cultura chicha sólo aparecía en los programas cómicos o noticieros, casi siempre como expresiones de mal gusto o pésima calidad.
es una señal, que tiene como sustento la cocina de los restaurantes y “huariques” populares, que combinan en sus recetarios toda clase de mixturas e ingredientes provenientes de las diversas regiones del país. Estos platos hoy en día gracias a la visión de gentes como el chef Gastón Acurio, son el estandarte de nuestra identidad culinaria.
Y para terminar (por razones de espacio) el surgimiento de una nueva clase media en los antiguos conos. La construcción del Megaplaza en Lima Norte sería la expresión de esta nueva reubicación social, aunque todavía el lente de la china Uehara Tudela no los capta, pero como el verano ya están comenzando a dejar huella.
ca algo especializado, pero no han descuidado por ningún motivo aquella producción que no tiene una pretensión exquisita y es también referente obligado para cualquiera. Temporadas pasadas de series muy populares llenan cientos de vitrinas al lado de dibujos animados inmortales. Me sorprenden las sagas del Chavo del Ocho y Tom y Jerry, junto con recopilaciones de Topo Gigio. Y entonces, frente a mis ojos, aquel viejo pelo gris lleno de imaginación: El Narrador de Cuentos. ¡Completo! ¡La serie entera! Toda una joyita del imaginario popular y un recuerdo claro en mi cabeza. Ni Kevin Arnold o Jiban (también presentes), pueden acercarse a semejante hallazgo.
Pasos más alláreviso la mercancía y vuelve otro recuerdo -igual de grato pero distinto- cuando veo aquella portada clara con letras negras: La serie rosa. Un vistazo al lugar y me descubro frente a una de las mayores congregaciones de contenido erótico y pornográfico del continente. Películas de todos los tiempos (desde Garganta Profunda hasta Anal Express) comparten el espacio, plagado de cuerpos desnudos y nombres que le resultan familiares a alguien entendido en el asunto. Broke Heaven, Jenna Jamenson, Allie Sin, TT Boy o –el maestro- Ron Jeremy, cubren las paredes de los puestos. De pronto se acerca un vendedor y – muy discreto- me dice: “también tengo estas de acá”. Se refiere a Telo Cholo, un compendio de encuentros sexuales filmado a modo de cámara indiscreta en hoteles de Lima.
Compro las películas necesarias y bajo al sótano, donde uno se encuentra –sin el menor ánimo de exagerar- con toda la música del planeta. DVDs de conciertos, álbumes raros, polos, afiches, juguetes y millones de CDs de los más variados artistas aparecen por doquier. En el mismo stand, toda la discografía de The Smiths y de Chacalón se ofrece junto a Metallica, Juan Luis Guerra y Rachmaninov. A su lado, otro se ha especializado en música celta y, pasos más allá, está aquel que sólo vende salsa cubana clásica.
ntra el laberintoso tráfico de Lima y por su puesto contra lo brillante de las tombas que se instalan cual autómatas a esa hora –en ninguna otra hora es posible encontrar tales infracciones de tránsito, pero las autómatas siguen. A mi lado un amigo me hablaba como si no ocurriese nada. Entonces, como si fuera la reencarnación de Carver, le dije: Puedes hacer el favor de callarte, por favor. Se molestó un poco y preguntó qué me pasaba. Es el desorden, respondí. El maldito desorden. De repente una idea salió de sus labios y la entendí perfectamente. Tío, me dijo, con lo impuntual que eres deberías agradecer el desorden, si estuvieras en Alemania tendrías que estar en un paradero a la hora exacta porque sino se te va el bus, y mancaste. No tienes porque verlo como desorden, tú lo entiendes, yo lo entiendo sólo te queda reconocerlo, nunca vas a ser alemán.
Cierto, nunca vamos a ser alemanes ni tampoco deberíamos desearlo. Se sigue pensando en espejos a otros lares, se sigue pensando que no tenemos un lugar, que debemos llorar por lo que se perdió. De un lado la violencia dejó sin hogar a muchos que hoy imperan en la llamada periferia, del otro la gente se atrincheró, y se sigue diciendo que no tenemos una identidad en común. Otros progresistas, generalmente abogados, salen a las calles con las banderolas de la igualdad. La mentira más grande habida y por haber. No somos iguales, ni lo seremos, ni tampoco vamos a tener una identidad única, o una sola historia, o una sola Lima.
Este breve texto quiere presentarles esa otra Lima que llevamos metida entre la carne y la uña, cargada de colores y de ese desorden imperante que parece impulsar los motores de la nueva economía, como un sigiloso gigante que avanza sin que nadie lo note. Es vergonzoso ver que los financistas, los economistas, los empresarios, han visto lo que los intelectuales, miembros de la cultura, no han conseguido ver. Es vergonzoso que se hayan antepuesto al discurso estético, histórico. Allí está el desorden, no en no soportar el tráfico hastiante de las seis de la tarde, sino en no entender que existe un universo que impera sobre él, que reconocemos, que utilizamos y el cual nos tiene como enemigos íntimos a todos resumidos en él. Del cual decimos querer salir, pero del que no estamos dispuestos a renunciar por ningún Frankfurt serio y programado. Lima es lo que hoy se ve, pero nadie lo entiende, porque hasta ahora no se ha creado un discurso, no se ha dicho lo
que se tiene que decir sobre sus nuevos héroes y sobre esa chicha imperante, sobre las reinas y reyes, sobre los nuevos patrones que se distienden en nuestra ciudad, que sigue siendo de los reyes, de los nuevos y los viejos. No se trata de un apartheid, no se trata de sesgos, sino de aperturas. Existe un bien común, pero en la riqueza de cada quien se asienta su cultura, con sus influencias y las que vendrán. Movimientos que nacen de los lugares que se rechazan ahora colman autos europeos (el reggaetón) fuera de las universidades A1, el concepto se desintegra, ya no hay un mundo A1, sino uno que refiere sus propios dominios y que entiende quién es y hacia donde va. En el camino se encontrará con alguien en la misma dirección y quizá escuche un disco que le gusta.